¿Vas a casarte sin blanco y dudas qué joyas ponerte? Ava Gardner lo resolvió hace hoy 75 años: el 7 de noviembre de 1951 se casó con Frank Sinatra sin velo, con un vestido de cóctel malva, y dejó lo clásico para el cuello y las orejas: un collar de perlas de dos vueltas y pendientes a juego.
Un vestido malva y una sola concesión a la tradición
Para Ava, que tenía 28 años, era la tercera boda. Con Mickey Rooney, en 1942, y con Artie Shaw, en 1945, había ido al altar con traje de chaqueta. Con Sinatra por fin llevó vestido, aunque no blanco. Se lo encargó a las hermanas Fontana, las modistas italianas que también vestían a Audrey Hepburn, Elizabeth Taylor o Rita Hayworth.
El modelo era de marquisette, un tejido ligero. Tenía falda midi con pliegues, cintura muy marcada, cuerpo blanco fruncido y tirantes anchos tipo halter con gasa sobre los hombros. No llevaba velo. Lo único que seguía el manual de novia de los años 50 eran las joyas: perlas en dos vueltas al cuello, pendientes a juego y, en la mano, un ramo pequeño de camelias y claveles.
¿Por qué funcionan las perlas con un vestido que no es blanco?
Porque hacen el trabajo que el vestido no hace. Sin velo y sin blanco de pies a cabeza, a un look así le falta la señal de que aquello es una boda y no una cena elegante. Las perlas son esa señal: cualquiera las asocia a una novia, como el collar que la abuela guarda para las grandes ocasiones.
Además, el vestido de Ava combinaba un cuerpo blanco con una falda malva. Con las perlas como pieza clásica, el malva queda como el toque de color del conjunto, no como una ruptura. Estoy convencida de que con un collar de piedras de color el conjunto habría parecido de fiesta, no de novia.
Dos vueltas mejor que una
Un hilo sencillo de perlas habría quedado tímido junto a unos tirantes halter tan anchos y con gasa en los hombros. La doble vuelta llena más el cuello y le da al conjunto el peso que en otra novia habría aportado el velo. Es una joya que se distingue en cualquier foto, y en aquella boda, con periodistas y fotógrafos esperando a la puerta, eso contaba.
Los pendientes a juego cierran el círculo. Con la melena oscura peinada en ondas y los labios rojos, Ava no necesitaba nada más alrededor de la cara. Repetir las perlas en las orejas es la fórmula más sencilla que existe: no obliga a combinar metales ni piedras y el resultado parece muy pensado aunque salga de lo más básico del joyero.
Cómo copiar la idea si te casas sin blanco
- Una sola pieza clásica. Si el vestido rompe la norma, sea malva, azul o un traje de chaqueta para una boda civil, deja que las joyas sean lo tradicional.
- Volumen en el cuello. Un collar de dos vueltas se ve en las fotos de grupo; los detalles pequeños en las muñecas suelen perderse.
- Pendientes del mismo material y tono que el collar. Si tienes las perlas de tu madre o de tu abuela, este es su momento.
- Collar corto con tirantes anchos. Con un cuello halter, un collar que queda a la altura del cuello luce más que uno largo que se esconde entre la tela.
Las alianzas y una historia que no acabó con el divorcio
La ceremonia fue civil, en la casa de Lester Sachs, amigo de la pareja, en Filadelfia, con pocos invitados: Beatrice, la hermana de Ava, los padres de Sinatra y algunos amigos del cantante. Hubo intercambio de alianzas, brindis con champán y una tarta blanca de siete pisos. Luego Ava se puso un traje azul para el viaje y salieron hacia Miami con tanta prisa que ella se dejó la maleta.
El matrimonio fue corto: se separaron en 1953 y se divorciaron en 1957. Ava no volvió a casarse. Sinatra siguió mandándole rosas en cada cumpleaños, y cuando ella murió, en 1990, le hizo llegar flores con una tarjeta: «Con todo mi amor, Francis».